viernes, 27 de marzo de 2015

Todavía es tarde.

Cenizas en el aire, el cuarto disco en solitario de Ariel Rot, el segundo de su etapa posterior a Los Rodríguez, llegó el veintisiete de marzo de dos mil. Hoy se cumplen, por lo tanto, quince años.
Trabajaba entonces para una empresa conocida y dedicada principalmente a la comercialización de máquinas tragaperras, como encargado de uno de lo que ellos mismos denominaban “centros de ocio”, una rama del negocio centrada en la explotación de establecimientos para el entretenimiento familiar, a medio camino entre el local de máquinas recreativas y la caseta de feria.
El mismo se abría dentro del único centro comercial de un desangelado barrio del sureste madrileño, que aparte de un edificio de gobierno regional, no presentaba entonces más espacios de interés ni atención.
Dicho centro comercial, articulado alrededor de un amplio supermercado que ocupaba la planta baja casi en su totalidad, albergaba también decenas de locales de marcas de moda, entonces en pleno despunte, restaurantes, salas de cine y algunos otros negocios varios, de corte más barrial. Entre estos últimos, la tienda de discos que todo centro comercial bien surtido, a comienzos de siglo, presentaba. Un espacio de no más de treinta metros cuadrados, pero bien provisto y atendido. En él, durante el tiempo que estuve trabajando en dicho “centro de ocio”, encontré y compré numerosos compactos. Entre ellos, este Cenizas en el aire de Ariel Rot, un LP especialmente significado.
Al día siguiente de hacerme con él, mientras me afeitaba, viviendo aún en la casa de mis padres, con la misma naturalidad que en las ramas de los árboles brotan hojas nuevas en primavera, la idea de emanciparme del que hasta entonces había sido mi único hogar, se me presentó ineludible y clara.
Los pasos posteriores se sucedieron con la determinación y soltura con que deberían afrontarse siempre todas las intenciones de las que uno está francamente convencido.
En un par de días, el viernes de esa misma semana, había dado con una habitación en un piso compartido, que ocuparía con gusto durante más de cuatro años.
Cenizas en el aire, sin pretenderlo, y particularmente canciones como Hasta perder la cuenta y Dos de corazones, se convertirían en el soniquete indiscutible de aquellos días, un momento, como todos los arranques de etapas que intuimos rebosantes, animoso y grato.

Cenizas en el aire, 27 de marzo de 2000.

No hay comentarios:

Publicar un comentario