Cenizas en el aire, el cuarto disco en solitario de Ariel
Rot, el segundo de su etapa posterior a Los Rodríguez, llegó el veintisiete de
marzo de dos mil. Hoy se cumplen, por lo tanto, quince años.
Trabajaba
entonces para una empresa conocida y dedicada principalmente a la
comercialización de máquinas tragaperras, como encargado de uno de lo que ellos
mismos denominaban “centros de ocio”, una rama del negocio centrada en la
explotación de establecimientos para el entretenimiento familiar, a medio camino entre
el local de máquinas recreativas y la caseta de feria.
El
mismo se abría dentro del único centro comercial de un desangelado barrio
del sureste madrileño, que aparte de un edificio de gobierno regional, no
presentaba entonces más espacios de interés ni atención.
Dicho
centro comercial, articulado alrededor de un amplio supermercado que ocupaba la
planta baja casi en su totalidad, albergaba también decenas de locales de marcas
de moda, entonces en pleno despunte, restaurantes, salas de cine y algunos otros
negocios varios, de corte más barrial. Entre estos últimos, la tienda de discos
que todo centro comercial bien surtido, a comienzos de siglo, presentaba. Un
espacio de no más de treinta metros cuadrados, pero bien provisto y atendido.
En él, durante el tiempo que estuve trabajando en dicho “centro de ocio”,
encontré y compré numerosos compactos. Entre
ellos, este Cenizas en el aire de
Ariel Rot, un LP especialmente significado.
Al
día siguiente de hacerme con él, mientras me afeitaba, viviendo aún en la casa de mis padres, con la misma naturalidad que en las ramas de los árboles brotan hojas
nuevas en primavera, la idea de emanciparme del que hasta
entonces había sido mi único hogar, se me presentó ineludible y clara.
Los
pasos posteriores se sucedieron con la determinación y soltura con que
deberían afrontarse siempre todas las intenciones de las que uno está francamente
convencido.
En
un par de días, el viernes de esa misma semana, había dado con una habitación
en un piso compartido, que ocuparía con gusto durante más de cuatro años.
Cenizas en el aire, sin pretenderlo, y particularmente
canciones como Hasta perder la cuenta y
Dos de corazones, se convertirían en
el soniquete indiscutible de aquellos días, un momento, como todos los arranques
de etapas que intuimos rebosantes, animoso y grato.
| Cenizas en el aire, 27 de marzo de 2000. |
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