Hay
quienes, tras media vida de esfuerzo y reflexión, conceden al azar el
privilegio indiscutible de la precisión matemática. Cada hecho, en apariencia aleatorio
y deslavazado, según estos, entre ellos el húngaro Arthur Koestler, responde a
un orden en absoluto casual e inconexo donde las coincidencias no son tales,
sino axiomas perfectamente definidos y mesurables de cuya naturaleza aún se
desconoce la mayor parte. Complicado empeño, si bien, vectores para el análisis existen.
El
primer formato en que tuve Camino Soria
fue en casete, que compré, también con su anécdota, que en esta ocasión no
viene al caso, en marzo de mil novecientos ochenta y ocho. Entonces, a esa edad,
tener un casete, una fortuna esporádica y costosa, era tan infrecuente como haber
estrenado zapatillas, que, una vez calzadas, hasta ducharte con ellas se
entendía como un acto perfectamente normal.
Trillé
aquella cinta con devoción durante años y, de igual manera que sucede con los primeros
amores y otros recuerdos infantiles, sus canciones se fijaron a la identidad de
uno como la carcoma a la madera.
La
preeminencia del compacto como formato musical doméstico, algunos años después,
trajo consigo que muchos casetes, comprados o grabados, fuesen poco a poco
siendo reemplazados por sus versiones en formato CD. Entre ellos, claro, Camino Soria.
No
hace mucho leí el libro que Jesús Rodríguez Lenin dedica a Gabinete Caligari.
En él se relata y analiza en detalle el ascenso y posterior decadencia del trío,
su progresiva pérdida de popularidad, un último disco, Subid la música, para nada mediocre, y el momento
en que Jaime Urrutia decide poner punto final al grupo, en una reunión
rutinaria de la sociedad que junto a Edi Clavo y Ferni Presas formaba, el trece
de octubre de mil novecientos noventa y nueve.
Animado
por un motivo impreciso, me fui entonces al listado donde tengo
cronológicamente apuntados todos los compactos de la colección, por ver en qué
compras musicales andaba uno por aquellas fechas. Y sí, con gran sorpresa y
cierto deleite al comprobar que, por más que a nosotros se nos escape, hay
detalles que se hilvanan solos sin necesidad de atención y esfuerzo, aquel
trece de octubre de mil novecientos noventa y nueve, mientras Jaime Urrutia
decidía dar portazo definitivo a Gabinete, yo me encontraba comprando en
formato CD su Camino Soria.
Si esta coincidencia responde a un orden matemático-azaroso de mayor proyección y sentido, no seré yo quién lo investigue, pero si alguien se anima, los anteriores son los datos.
Si esta coincidencia responde a un orden matemático-azaroso de mayor proyección y sentido, no seré yo quién lo investigue, pero si alguien se anima, los anteriores son los datos.
