domingo, 11 de febrero de 2018

La intención y el complemento.

Hay días en los que me da por pensar que mejor que seguir comprando compactos sería dar con la manera de disponer del tiempo necesario para escuchar con gusto y sin prisas todos los que ya tengo. Llegará quizá un momento en que esa intención la lleve a cabo, aunque, seguro, sin más tiempo disponible del que ahora disfruto y por poco tiempo, dado que la oferta y las posibilidades de encontrar algo de interés siguen siendo muchas y el impulso que nos hace salir de casa con el deseo de echar un vistazo en alguna tienda de discos, incontenible y enfermizo.
Hay músicos como Steven Wilson, que no contento con liderar varios proyectos a la vez, ofrece de cada uno de ellos constante material; no solo lanza nuevos discos, sino que reedita anteriores con material adicional, o, de manera sistemática, complementa los últimos lanzados con nuevas tomas en directo, descartes y demás material audiovisual. Dinámicas como la de Steven Wilson, por ejemplo, que pocas veces se descuida en cuanto a calidad, hacen imposible la contención consumista.
A finales de abril de dos mil dieciséis aprovechamos un par de días libres para viajar a San Sebastián. El atractivo, además de revisitar la ciudad, en la cual hacía mucho que ninguno de los dos estábamos, era pasar un día en Bera de Bidasoa y conocer Itzea, la casa que la familia Baroja ocupa allí desde hace más de un siglo. Pero la tarde primera, la del sábado de llegada, la empleamos en recorrer San Sebastián, sus calles más señoriales y aquellas otras que entonces parecían presentarse más turísticas y festivas que la vez anterior en que estuve. En la de Oquendo, en el número seis, se descubre una placa, seca y gris, que indica que el escritor vasco nació allí. 
En nuestro paseo, a ratos ralentizado por la lluvia, bordeamos luego el Monte Urgull, para entrar finalmente en la Parte Vieja por la calle donde tenía localizada una tienda de discos. 
En San Sebastián, a diferencia de otras ciudades españolas, aún se conservan abiertas media docena, casi todas escoradas hacia el heavy y con predominio del vinilo. Esta no era especialmente grande; a la derecha quedaban los compactos, dispuestos sin mucha congestión en paneles metálicos. La selección no era tampoco especialmente extensa, pero sí contaba con algunos de difícil localización en grandes almacenes o en tiendas poco especilizadas, entre ellos este Drive home de Steven Wilson, complemento al The Raven that refused to sing and other stories, y lanzado pocos meses después.

Drive home, 30 de abril de 2016.