También fue J. L. quien me dio a conocer a otro grupo del que, con el paso de los años, de igual manera que America, que protagonizaba la entrada anterior, he ido apilando casi una docena de compactos.
El arranque del otoño de mil novecientos noventa y nueve, terminada la primera obligación laboral de importancia que tuve, había pensado emplearlo en un nuevo proyecto universitario, un poco por gusto, un poco por esa inercia a la que obligan los estados con los que uno se ha sentido conforme. Sin embargo, por más que la intención primera fuese otra, aquella rutina académica, a la tercera hora lectiva, no tuve más remedio que aceptar que excedía sobradamente lo que entonces buscaba.
Fueron semanas erráticas. Recuerdo inscribirme, por tener un motivo por el que viajar un par de días por semana a Madrid, a un ciclo de conferencias en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, en la Torre de los Lujanes, de igual manera que en otras ocasiones, con la compañía de D. y de G., ya había hecho. Asistía a las conferencias, en este caso centradas en la figura de Carlos V como emperador, y aprovechaba para quedar con unos y con otros; de este modo entretenía los días y dilataba un poco más la transición del ciclo universitario al laboral.
El jueves cuatro de noviembre, llegado el frío de un modo definitivo, quedé con C. Con ella, los planes han sido siempre parecidos. Entonces y ahora para nuestras citas nos ha gustado siempre revisar antes la cartelera y consensuar alguna película de interés, dar un paseo por el centro y curiosear en alguna tienda de discos o, sencillamente, si hace tiempo que no nos vemos, sentarnos en un bar y poner un poco al día nuestros asuntos.
Aquella tarde, dada la desocupación propia de la edad, estuvimos primero en la Filmoteca viendo Muerte en Venecia, la cual no recuerdo con especial agrado, comprando algo de música en FNAC y tomando unas cervezas por el centro.
Atraído por la portada, que erróneamente supuse de Klee, en FNAC me decidí por un compacto de Marillion, Holidays in Eden, de quienes entonces no tenía nada original. A J. L. le había escuchado decir, al hilo de aquellos discos que en su momento me había prestado, que a él sólo le gustaba la primera etapa del grupo, aquella que tenía como voz solista a Fish, y no la posterior en la que Steve Hogarth relevó a éste como cantante. Holidays in Eden, supe después, era el segundo disco de esta segunda etapa del grupo, lo cual, de partida, me condicionó e hizo que durante un tiempo lo escuchase sin apenas interés.
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| Holidays in Eden, 4 de noviembre de 1999. |
