Hay constancias que no por previsibles resultan menos penosas. Si uno trata de informarse a través de Internet, a día de hoy todavía no es posible dar con ninguna entrada que anuncie su cierre. Puede que esta sea, en correspondencia, una desatención parecida a la que la propietaria del local dispensó siempre a la difusión del negocio a través de las redes sociales.
Echando un vistazo en alguna de ellas, en casi todas hay alguna huella de Discos Yunke; unos primeros pasos al menos. Al poco se pierden estos, no se sabe si por desidia o por completo desinterés por unas formas de atención y difusión del negocio extrañas para quien durante décadas prefirió manejarlo sin mucho esmero comercial. En una de estas redes hay un comentario de un cliente, fechado en dos mil trece, que augura sin titubeos el inminente cierre del local dados la imperante despreocupación y el desorden que lo rigen. Su vaticinio erró en ocho años, pero esta sospecha, la de su cierre definitivo, la hemos tenido todos casi desde el mismo día en que entramos por primera vez en él.
Durante los últimos meses, al poco de terminar el verano, el negocio lo atendía la misma dueña. Quien lo haya frecuentado, a poco que coincidiese con ella, sabe que su trato siempre llamó la atención por lo parco y grosero. Por más que se la saludase, pocas veces se obtenía respuesta; lo habitual era encontrarla en discusión con algún cliente, tratando a voces temas políticos o de parecido corte polémico: prostitución, drogas, etc. A Yunke se iba por el amplio surtido y los buenos precios de los últimos lanzamientos, no por el trato afable de su dueña.
Por suerte hubo épocas en que detrás del mostrador estuvieron dependientes verdaderamente preocupados por el negocio. En contraposición a su empleadora destacaban por su conversación amable, su cierta pasión musical y por una constante fijación por dotarle a todo el surtido de un mínimo de orden. Este deseo, como nos decía a D. y a mí uno de ellos, se le reprobaba constantemente la dueña, que prefería que se ocupasen de otras cosas en vez de preocuparse de facilitar la búsqueda a los clientes…
(Antes de continuar con la segunda parte de la entrada, incluyo la fotografía del disco de Riverside que, sin ser de los últimos que allí encontré, en parte ilustra el tono agónico que alcanzó el local después del confinamiento.)
| Shrine of New Generation Slaves, 3 de junio de 2020. |