Las comilonas musicales han sido todas en solitario o en compañía de D. Para estos banquetes, rodearse de quien no tiene apetito es a la postre siempre una carga.
Recuerdo varias, algunas muy remotas, cuando se calibraba cada compra como una inversión bursátil, y otras, más recientes y alevosas, como esta de la que ahora se cumplen dos años: cuando viajamos a Barcelona solo con la intención de comprar cedés y pasar el día.
El trayecto lo hicimos en tren, cuyos billetes, dados los horarios, eran muy asequibles. Amaneció una hora antes de llegar a Sants. Desayunamos en el bar donde otras muchas veces lo había hecho con los compañeros de trabajo, a unos metros de la estación.
Caminamos después hasta Discos 100, atravesando el barrio de Gracia. La mañana era muy agradable. Empleamos en la revisión de sus cubetas casi más tiempo del que nos había llevado el paseo. Cada uno se manejaba por su lado; de vez en cuando compartíamos algún hallazgo o formulábamos en voz alta alguna recomendación.
Cargados de cedés continuamos el paseo hasta la Sagrada Familia. La muchedumbre turística ocupaba la plaza. Detenernos a visitarla nos hubiese llevado horas, así que, desestimada la posibilidad, que tampoco nos seducía especialmente, tomamos asiento en una cervecería próxima. A las dos teníamos reserva para comer. El restaurante estaba a tan solo unas manzanas. En el otro extremo del salón coincidimos con Eduardo Mendoza. D. le saludó antes de irnos. Como él mismo apuntó: “Qué propio venir a Barcelona y encontrarse con un escritor tan representativo de la ciudad.”
El sopor de la comida nos condujo hasta el mar. Se había levantado un viento molesto. Regresamos al centro de la ciudad por el Barrio Gótico. Sus calles estaban muy transitadas. Por descansar unos minutos nos detuvimos en uno de los bancos de Santa María del Mar. El punto final de nuestro trayecto era la calle Tallers: Revólver, sobre todo. El local, sin ser tan espacioso como Discos 100, mantenía una oferta muy copiosa y unos precios incluso más bajos.
Antes de coger el taxi que nos condujo a la estación, hicimos una parada en un bar de una calle perpendicular a Tallers. Sobre su barra apilamos todos compactos que habíamos pescado durante la jornada, más de dos docenas entre ambos. (The slow rust of forgotten machinery, de The Tangent, cuya fotografía aparece a continuación, es el primero que compré aquel día.)
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| The slow rust of forgotten machinery, 22 de febrero de 2022. |
