martes, 12 de enero de 2021

El compacto dominical.

Hubo un tiempo en que la práctica del compacto dominical era de los pocos alicientes del día. Es posible que en alguna otra ocasión ya me haya referido a ella. Este hábito, en parte propiciado por aquel plomizo y juvenil tedio dominical y el consecuente deseo de sacudírnoslo, fue afianzándose poco a poco durante los últimos meses de licenciatura. 

Todas las tardes de domingo, como si de una obligación lectiva más se tratase, me apartaba por unas horas del escritorio, tomaba el tren y recorría pausadamente las estanterías de la segunda planta de Fnac o bien las del extinto y recordado Madrid Rock de Gran Vía. En la lista de compactos resulta muy sencillo identificar la compra dominical que durante aquellos meses, semanalmente fue dándose. Aquellas incursiones festivas las remataba después con el paseo hasta el bar del barrio de Salamanca donde G., distraída por los clientes y las visitas de sus amistades, también ella, combatía a su manera el abatimiento dominical.

Con el final del periplo universitario la practica del compacto dominical fue perdiendo vigencia. Las nuevas circunstancias hicieron que las maneras de distraer el decaimiento propio de esas jornadas vespertinas, si es que se daba, fuesen otras. La familiaridad y el grato recuerdo de dicha costumbre, en todo caso, por más que esta con el transcurso de los años fuese siendo abandonada, nunca se perdió. 

De vez en cuando, espoleado por aquel mismo deseo de sacudirnos la modorra dominical, me digo: ¿Y por qué no acercarme al centro y echar un vistazo por Fnac? Y sin pensármelo dos veces, más por la distracción que por el compacto que pueda encontrar, así hago.

Este de Counting Crowns, Recovering the satellites, es parte de la eventual recuperación del hábito algunos años después, en dos mil cinco. Aquella tarde al disfrute de la práctica se le unían las circunstancias laborales que, finalmente, tras el paso desafortunado que había dado al aceptar la propuesta de una galerista bisoña, desesperante y poco aficionada a la gestión de sus empleados a través de la legislación que establece la Seguridad Social, en breve me permitirían volver al antiguo empleo que ingenuamente había abandonado por este.

Estaba en la plaza de los antiguos Cines Luna, esperando seguramente a D., cuando me sonó el móvil. Era la "fantástica" dueña de la galería que estaba a punto de abandonar recriminándome que a otro de los chicos vinculados al negocio, uno más de los que le “echaba una mano”, no se le hubiese avisado de tal o cual cosa. A esas alturas de relación laboral la conversación no hubo necesidad de prolongarla demasiado. Después de un par de frases displicentes la colgué y continue quitándole el precinto al compacto, que era lo que verdaderamente en ese momento más me interesaba.


Recovering the satellites, 23 de enero de 2005.