viernes, 6 de noviembre de 2015

Camino Soria (y III).

A finales de los años noventa, junto a una de las principales calles comerciales de Leganés, la construcción de una manzana de viviendas en lo que anteriormente no había sido más que un solar en desuso, hizo que se generase una amplia plaza donde se abrieron media docena de nuevos negocios, entre ellos la tienda de discos donde aquel trece de octubre de mil novecientos noventa y nueve compré Camino Soria.
Ya entonces, imagino, el negocio musical presentaba claros indicios de declive, por lo que, visto ahora, abrir en aquella época una tienda de discos, con las mismas expectativas de supervivencia que tiene un bloque de hielo en pleno agosto, nos resulta de una audacia rayana en la torpeza.
Quizá me equivoque, pero creo recordar que se trataba de una franquicia vinculada a una de esas cadenas especializadas en la venta por catálogo, no sólo de música, también de películas y principalmente de videojuegos; un local pequeño y ambientado sin mucho énfasis, que apenas visité un par de veces. Este de Gabinete fue el único compacto que allí compré, bien por la corta vida del negocio, que no sé si llegaría a cumplir el año, bien porque aquel sólo se prestaba, dado el surtido y el poco atractivo del local, de igual manera que las tiendas de ultramarinos regentadas por chinos, a la atención de emergencias. Y la compra de Camino Soria, impulsado por un impreciso y pasajero sentir nostálgico, entonces lo fue.
A comienzos de aquel otoño de mil novecientos noventa y nueve, terminada la carrera y después de haber trabajado durante el verano, me encontraba desempleado y viviendo en casa de mis padres, lo cual era todavía parte de un guión aceptable. Sin más obligaciones, las fiestas de San Nicasio, que se dan a mediados de octubre, me tuvieron un par de noches en danza por las calles del barrio. Siendo niño, estas fiestas se presentaban siempre como el primer escalón que nos conducía a todos los escolares de la infancia a la adolescencia; pasada esta y mediada la veintena, como principal atractivo, si acaso, sólo quedaba el recuentro con amistades a las que los años, principalmente esas mismas, las escolares, habían ido alejando. Al hilo de esta circunstancia, imagino que, teniendo en cuenta que Camino Soria (en formato cinta) había marcado los últimos años de colegio, el encuentro entonces con antiguos compañeros del mismo, incentivó el deseo de retomar dicho disco; y hacerlo en formato compacto, siendo este uno de los primeros que tuve original en ambos, se impondría en aquel momento como una necesidad inexcusable.