Un día después de su quincuagésimo aniversario, el veinticinco de mayo de mil novecientos noventa y uno, Radio 80, emisora que, con el paso del tiempo, al fusionarse con Cadena Minuto, devino en la actual M80, emitió durante veinticuatro horas, de la media tarde de aquel sábado veinticinco de mayo a la media tarde del día siguiente, un especial dedicado a Bob Dylan.
El programa lo dirigía José Ramón Pardo y repasaba, disco a disco, incluidas algunas rarezas, toda la carrera del músico. El especial lo habían publicitado mucho y, curioso y respetuoso como solo se es a esa edad, unos días antes me había hecho con un pack de tres cintas vírgenes donde poder grabar aquello que fuese intuyendo resultase de más interés.
José Ramón Pardo desgranaba un disco tras otro, deteniéndose dependiendo de cuál en más o menos cortes, con una erudición y una amenidad apabullantes. Yo, por mi parte, guiado por las palabras que presentaban cada una de las canciones, me limitaba a pulsar el “Record” del radiocasete si la canción, me parecía, lo merecía y a escribir en un folio su título (o lo que mi inglés de bachillerato me dejaba adivinar), el título del disco que la contenía y algún otro detalle más.
De esta manera pase las horas de aquel sábado hasta bien entrada la madrugada, y de igual modo, la mañana siguiente, volviendo a la audición tan pronto como me desperté, completando los minutos de grabación que aún quedaban libres en la última de las tres casetes.
Unos días después, un compañero del instituto, V., al referirle el asunto me dijo que un vecino suyo, creía, tenía un disco de Dylan, uno titulado Street legal. Del mismo, al haber sido referido bien entrada la madrugada de aquel especial radiofónico, yo no conocía canción alguna; debía quedar, digamos, en el paréntesis nocturno de mediados de los setenta a comienzos de los ochenta. Aún así, por hacerme con un LP de Dylan al completo, le dejé una nueva casete virgen, se la pasó a su vecino y aquel me lo grabó.
Street legal estaría por distintos motivos dentro de aquellos diez discos que recientemente D. y yo seleccionamos como principales de nuestra discografía, pero, a pesar de su escucha frecuente desde que el vecino de V. me lo grabó, no fue hasta veinte años después que lo tuve en formato compacto.
A imitación del atracón que supusieron aquellas horas adolescentes de escucha radiofónica, el quince de junio de dos mil once, imagino que a sugerencia mía, D. me regaló hasta cuatro discos de Dylan, entre ellos este fantástico y familiar Street legal.
A imitación del atracón que supusieron aquellas horas adolescentes de escucha radiofónica, el quince de junio de dos mil once, imagino que a sugerencia mía, D. me regaló hasta cuatro discos de Dylan, entre ellos este fantástico y familiar Street legal.
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| Street legal, 15 de junio de 2011. |
