viernes, 8 de junio de 2018

El mismo paso.

Hace unas cuantas entradas hablaba de uno de los muchos discos comprados en la calle Tallers, uno de los lugares donde mejor oferta ha encontrado uno nunca. Después de dos años, esta semana he vuelto a recorrer las tiendas de discos de esta calle barcelonesa. Algunos negocios donde tiempo atrás la afluencia era mucha han cerrado, y los que se mantienen abiertos lo hacen sin aglomeraciones de clientes y asfixiados por locales dedicados principalmente a atender la demanda consumista de los miles de turistas que atestan la ciudad.
Hojeando los estantes de Revolver, pensaba en la primera vez que vine a Barcelona trabajando en la misma empresa para la que hoy trabajo, diez años atrás, de igual manera que esta semana, poco antes de que el verano llegase.
Fue un lunes 9 de junio de dos mil ocho. Aún apenas conocía a nadie de la empresa, ni tan siquiera a A., con quien aquella primera reunión en Barcelona, sabía, compartía habitación. 
Llegué pronto a la estación de Sants y desde allí tomé un taxi hasta el hotel, próximo al emplazamiento que entonces tenían las oficinas, cerca del aeropuerto. Era primera hora de la tarde. A. todavía no había llegado. Recuerdo encender la televisión de la habitación y ver que estaban dando un partido de fútbol. La Eurocopa de Austria y Suiza había arrancado unos días antes. 
Sin mucho más que hacer cogí otro taxi, y regresé al centro de la ciudad, directamente a la Plaza de Cataluña. Sin prisas, con esa sensación que tanto reconforta de salirse de la rutina y emplear el tiempo en lo que realmente a uno le interesa, recorrí algunas tiendas de la Calle Tallers.
Compré solo dos compactos, quizá apabullado de tanta oferta, uno de ellos este de Elton John, movido seguramente por conocer al completo el LP que contiene una canción tan fantástica como Someone saved my life tonight.
Guardé la compra en el bolsillo de aquella chaquetilla verde que durante los primeros meses de trabajo en esta empresa tanto vestí, y me encaminé a Las Ramblas. En un bar, donde televisaban un nuevo partido de fútbol, me senté y esperé a que alguno de los compañeros de trabajo me telefonease para decirme dónde nos encontraríamos.
Lo mejor de esas citas laborales, igual entonces que diez años después, habiendo recorrido alguna de las tiendas de discos de Barcelona, ya se había dado.

Captain Fantastic and The Brown Dirt Cowboy, 9 de junio de 2008.