El trayecto en coche hasta el trabajo es un buen momento para escuchar detenidamente un compacto. Suelo llevar siempre dos en la guantera. Los alterno casi diariamente: subo uno, bajo otro… A la hora de escogerlos, tengo en cuenta que no se tiene el mismo ánimo a la ida que a la vuelta. Preferiblemente han de ser compactos de dos espectros musicales complementarios; uno más animoso y otro más introspectivo. Después del trabajo, lo natural es que se tenga la cabeza como un tambor en día de desfile, y que la música con la que habíamos arrancado la jornada nos resulte ocho horas después demasiado expansiva y vibrante.
En ocasiones hay compactos que en vez de permanecer en la guantera no más de una jornada, se mantienen en ella dos o tres, incluso una semana. Este es el caso de The Orchestrion Project, un disco doble del apabullante Pat Metheny.
La historia de este compacto tiene dos fechas. La primera nos conduciría a la primavera de dos mil diez, cuando estuvimos pasando unos días en Zürich con J., poco después de que se casase.
Si recuerdo bien lo que en su momento leí, el proyecto que da nombre al cedé lo articulaba el músico estadounidense como una empresa técnico-musical en la que todos los instrumentos que siempre habían sido tocados por músicos de carne y hueso, aquellos que solían acompañarle, eran entonces sustituidos por un complejo sistema mecanizado en el que cada cual sonaba según había sido programado. Todos, excepto la guitarra, de la cual se ocupaba él en cualquiera de sus múltiples variantes.
La puesta en escena del proyecto era muy aparatosa y recordaba en parte a la caja de un reloj de proporciones colosales, uno de esos que rematan torres o edificios principales. Tuvimos la oportunidad de ver el espectáculo en aquella visita a Suiza, donde Pat Metheny montó su tinglado en el crucero de una amplia iglesia. El recital, la verdad, se nos hizo largo. Transcurridas dos horas, los cuatro deseábamos que el sonido de tanto cachivache mecanizado concluyese cuanto antes.
El interés por dicha propuesta quedó ahí hasta que tres años después (esta sería la segunda fecha) encontré en Yunke a buen precio (¡nuevamente Yunke!) la versión ampliada del proyecto. Tampoco entonces la escucha fue más entusiasta.
Ha sido necesario que hace unas semanas probase a reproducirlo en el equipo del coche para que, ahora sí, le haya prestado verdadera atención y lo tenga por un disco notable. Si hubiese una lista de permanencia en la guantera, sin duda este sería el compacto a batir. Se lo decía hace unos días a J.: “Tú no sabes la de veces que últimamente he escuchado aquel compacto de Pat Metheny que vimos interpretar en Suiza…” “¿El de la orquesta?”.
| The Orchestrion Project, 7 de marzo de 2013. |