Puede que en alguna entrada anterior me haya referido a esos compactos que son comprados y que, precintados o no, permanecen en las estanterías de casa hasta que, en el mejor de los casos, si es que tras una larga espera sin escucha no ocupan su puesto definitivo dentro del orden alfabético de la colección, se les presta alguna atención.
Algunos de ellos son compras que se hacen por devoción y una leve dosis de compromiso, quiero decir: se trata de lanzamientos de un grupo o solista al que se ha seguido con regularidad y cuya discografía en gran medida se tiene completa, y que por ese afán compilador (hábito al que seguro que en más de una ocasión me he referido), ante cualquier nueva grabación uno se ve en la obligación de hacerse con ella, independientemente de cuál sea su verdadero atractivo.
A comienzos de septiembre Chrissie Hynde lanzó su segundo disco en solitario, una sofisticación jazzística grabada junto a The Valve Bone Woe Ensemble.
Valiéndome de una de esas plataformas digitales que ofrecen fondos musicales hasta la indigestión lo escuché, y aunque de primeras no me pareció mal, pensando que al anterior en solitario suyo, Stockholm, apenas le había dedicado un par de escuchas, preferí posponer la compra de aquel y darle una nueva oportunidad a este.
Stockholm, que a pesar de haber sido lanzado como álbum en solitario de la cantante de Pretenders, comparte con los últimos álbumes editados bajo el nombre de la banda, el mismo tono, se editó a comienzos de junio de dos mil cuatro. Unos días después lo compré yo, justo en el momento en que la apertura de las piscinas públicas y privadas daban por comenzado el verano.
Desde el salón del bajo de la calle Amaltea, a la tarde siguiente, a través del brezo de la terraza podía observarse como los vecinos de la urbanización, que hasta que la piscina había estado abierta, poco decididos todavía por el baño, tras haber entretenido la tarde aireándose y cuidando de sus hijos, una vez cerrado el recinto, poco a poco, cargados de toallas y empujando sus carritos infantiles, empezaban a retirarse.
Entonces, cuando el soniquete vecinal de la tarde fue remitiendo, la casa quedó en una quietud solo distraída por aquella primera escucha del disco de Chrissie Hynde, una primera que no tuvo continuidad hasta muchas semanas después.
| Stockholm, 28 de junio de 2014. |