miércoles, 15 de abril de 2026

Especialmente en abril.

Hay clubes deportivos poco pródigos en alegrías. La simpatía por equipos como este tiene algo de superstición; de forma inexplicable es generadora de contrarios y funestos temores. Las satisfacciones, por el contrario, son pocas y tan infrecuentes como el paso de un cometa. La primera de la que fui partícipe, ya de adolescente, se dio cuando, después de recurrentes imposibilidades y frustraciones, el equipo en cuestión fue capaz de alzarse con la copa de un sufrido título nacional, a comienzos de los años noventa.

Al día siguiente de la celebración del título, la televisión autonómica emitió un reportaje en el que se centraba con especial deleite en esa perpetua y singular sombra perdedora, pero también en la extraña e insospechada euforia que había generado en la afición colchonera dicha victoria. Y musicaba las imágenes de sus seguidores de camino al estadio donde iba a celebrarse la final con aquella entusiasta canción de Serrat, a modo de inefable corazonada, titulada “Hoy puede ser un gran día”.

Alguna vez le he escuchado decir a mi tío S. que la afición atlética le llegó a mi padre por oposición a la que él sentía por el otro equipo de la capital (aquel cuyos jugadores visten como espectros de un castillo y tiene la soberbia de pensarse siempre justos vencedores; dicho sea esto sin acritud, claro). Consecuentemente, al resto de la familia, siguiendo teorías lamarckianas, la simpatía por la derrota nos llegó sin duda por herencia de esa cualidad paterna adquirida. 

Y no solo esa. De igual modo, la afición serratiana también podría destacarse como otra de las principales características heredadas. Fueron incontables los viajes que emprendimos con la música de Serrat en el radiocasete del coche familiar. Cuando la cadena musical (aquella que protagonizaba la primera y remota entrada de este blog) llegó al salón de nuestra casa, uno de los primeros regalos que tuvo mi padre fue el vinilo Bienaventurados. El disco se abre con la canción que le da título, tan animosa y radiante como la canción que acompañaba aquel reportaje televisivo.

Serrat nunca parece haber estado de moda, ni sus canciones ni la mesura de su figura, pero es curioso observar como, a pesar de que de vez en cuando haya voces que le denosten, su música siempre se ha mantenido ahí, elocuente y sosegada, especialmente en abril.  


Bienaventurados, 6 de mayo de 2021.

domingo, 18 de enero de 2026

Lo más parecido a una transcripción.

Viernes, 26 de diciembre de 1997. Había quedado con ellos a las seis en Recoletos. Anochecía y el frío era intenso. Anduvimos hasta Hortaleza, donde M. buscó unos altavoces para su coche; continuamos después en dirección a las tiendas de discos de la calle de las Tres Cruces, donde no había mucho. El espectáculo de Cortylandia estaba en su punto álgido y para llegar a San Martín tuvimos que bordear por la plaza del Callao. Unos pasos antes, en el Postigo, nos detuvimos en una tienda abierta recientemente, allí encontré un compacto que me llevaba rondando un tiempo: Aftermath. Antes de las siete y media estábamos en la Sala de las Alhajas. Apenas habíamos empezado la visita cuando nos encontramos con varios compañeros de la facultad. Me detuve a charlar un rato con J., que me contó lo que estaban dando de sí sus navidades. Continuamos recorriendo la exposición hasta las ocho, cuando cerraron la sala. Ma. quería comprar una guía de Madrid a la amiga japonesa de su hermana, así que nos acercamos a Fnac, donde nos entretuvimos echando un vistazo a libros y videos. Concluidas las compras nos fuimos a tomar unas cervezas. Primero entramos en Las Bravas, que estaba muy concurrido, y después en Casa Ambrosio, donde encontramos asiento al fondo, como de costumbre. La conversación que arrancamos allí la continuamos después en la pequeña taberna de la calle del Almendro. Nos contaba Ma. que hoy había estado con el que durante seis años había sido su novio. Medio en broma medio en serio, este le había propuesto que si en el futuro, con una edad razonable, ambos no habían encontrado pareja, se casaran. Antes de llegar a Sol entramos en una amplia taberna irlandesa que se abre en una de las calles que dan a la Plaza Mayor. Tanto M. como Ma. tienen intención de cursar el año que viene sus estudios en el extranjero, ella preferentemente en Bolonia y él en cualquier parte. Fantaseamos durante un rato con esa opción y en la posibilidad de que fuese a visitarlos. En Sol tomamos el Metro hasta Tribunal. En el Angie hablamos del plan para Nochevieja. El hermano de M. organiza una fiesta en Alcobendas, y este quiere que vayamos. Yo le dije que probablemente este año no salga, que no es un plan que me atraiga; lo cual le fastidió un poco. A la una y media me fui, con el tiempo justo para coger el último Metro de vuelta. Antes de llegar a la boca me crucé con Ch. que iba del Gin-Kas al local de al lado en busca de hielo. Entré con él y brevemente saludé a S., que andaba por allí. Unos minutos después estaba subido en el vagón.


Aftermath, 26 de diciembre de 1997.