martes, 10 de mayo de 2016

Cabezas parlantes.

Hay compactos que, llegados a nosotros en determinada fecha, sólo encuentran verdadera atención tiempo después, transcurridos meses, incluso años.
Los últimos días del verano de dos mil siete los pasamos en una pequeña localidad almeriense llamada Las Presillas, de no más de una veintena de habitantes y perteneciente al municipio cercano de Níjar; en una casa baja, seca y adusta como el paisaje circundante. 
Pensado con distancia, aquellos días fueron momentos de cierto significado. D. estaba entonces en el sexto mes de gestación de O., por lo que aquellas vacaciones, se intuía, pondrían un punto y aparte a lo que habían sido todas las nuestras anteriores, y como tal las vivíamos. Por otro, visitábamos un lugar, el Cabo de Gata, que ya en tiempos escolares había recorrido y cuyos escenarios el paso del tiempo había convertido en parte principal del escaso bagaje viajero de uno: el pueblo anteriormente mencionado de Níjar, la localidad costera de San José, las minas abandonadas de Rodalquilar, las playas de Mónsul y Genoveses… Y por otro, y finalmente, aquel momento lo recuerdo también como el primero en que de modo espontáneo, después, eso sí, de haber leído años atrás La Busca - por dos veces, además, una primera en el instituto y una segunda ya terminada la universidad-, me encontré de vuelta ante una novela de Baroja, en este caso El mundo es ansí. No sé qué estímulo o qué otro gancho me condujo de nuevo hasta él, pero aquel título, que aún hoy, y unido a la trama de la novela, me sigue pareciendo de mucha atractivo, fue el arranque de una afición que, como pocas, tiene tanto de pasión como de fijación.
A las conversaciones sobre nuestro incierto otoño, a las visitas por los lugares más relevantes del entorno y también a los momentos de lectura en el interior de la casa, hubo una música que, como sucede siempre, se convirtió en el estribillo principal de aquellos días, la de Talking Heads, en este caso la contenida en un recopilatorio llamado sencillamente The best of…, comprado el catorce de marzo de aquel mismo dos mil siete.
Cuando viajamos, aparte de nuestra habitual “música de viaje”, que va con nosotros como la manga corta en verano o los guantes de lana en invierno, damos cabida de vez en cuando a otros compactos para los que el viaje nos obliga a una escucha más detenida. Ese fue el caso de aquel recopilatorio de Talking Heads, que escuchamos, más que en los trayectos, en la casa de Las Presillas, en un aparato de música algo desvencijado que se había llevado D. 

The best of..., 14 de marzo de 2007.