De
todas las tiendas de compra y venta de discos que se abrían hace años en el
centro de Madrid, localizadas muchas de ellas en las calles próximas a la del
Arenal, Yunke, en la de las Hileras, es de las pocas que permanece con cierto ajetreo
y atractivo.
Actualmente,
el espacio que ocupa la exposición de compactos no es mucho, un par de murales
y una docena de cajones, que en total deben dar cabida a no más de mil unidades,
pero siempre con mucha rotación y a precios, especialmente para los últimos
lanzamientos, que se exponen en los citados murales, imbatibles, si se comparan
con los que se promocionan en los grandes almacenes cercanos.
Tiempo
atrás, aparte de este espacio, todos los cajones situados en el centro de la
tienda, los que generan un pasillo rectangular alrededor del perímetro del
local, contenían también miles de compactos; ahora no, desde hace un par de
años, esos cajones centrales dan cabida en cifra parecida a películas en
formato DVD, de todo género y categoría.
Para
aquellos a los que la pasión por el compacto sigue intacta, a pesar de dicha
reducción, el interés por la oferta del local sigue siendo el mismo, sino
mayor; centrándose cada vez más en la venta de últimos lanzamientos y cribando
con cierto criterio las series medias, puede echarse un vistazo con una regularidad
semanal sin que las posibilidades de pasar por caja sean menores.
Serán
más de cien los compactos que en Yunke haya comprado. Por traer hoy uno a este
blog, el primero que me viene a la memoria, sin necesidad de forzar el
recuerdo, es el Breathe, del grupo
islandés Leaves, del que entonces, el tres de octubre de dos mil siete, cuando
lo compré, no conocía absolutamente nada.
Unos
días antes, con la vista puesta en el nacimiento de O. y la necesidad de un
tiempo de respiro, dada la posibilidad de cobrar durante unos meses la
prestación por desempleo, había decidido dar por finalizado mi contrato con la
empresa deportiva alemana a la que durante un año de manera insatisfactoria
había estado vinculado. Se aventuraba, por lo tanto, una temporada de
incertidumbre y contención.
De
un día para otro, desatado del teléfono y de otras obligaciones laborales, la asfixiante
rutina anterior se había quedado deshilvanada a la espera de que nuevos hábitos
se decidiesen a componer una nueva. Cada pequeño detalle, cada hora, sin especial
énfasis, resultaba entonces más reconfortante que cualquiera de los que se
habían dado durante los meses previos.
La
compra de un compacto del que no se tuviera noción alguna era parte de la
predisposición del momento. Recuerdo que aquel tres de octubre de dos mil siete
estuve en Yunque al mediodía, antes de que el cielo se encapotase y lloviese
con insistencia el resto del día. Revolví durante un buen rato en los cajones
centrales, entonces aún repletos de compactos, y di con el de Leaves, cuya
portada, imprecisa, en tono sepia, evocaba todo lo que el otoño, esperaba, me
pudiese ofrecer. Pensé que quizá se trataba de un grupo de gusto jazz, pausado
y ameno, no sé por qué; y me hice con él.
| Breathe, 3 de octubre de 2007. |