Hace unos días debatíamos D., su amigo E. y yo cuál era a juicio de cada uno el mejor disco de Dire Straits.
D. decía que salvo los dos últimos, Brothers in arms y On every street, que consideraba claramente por debajo de los cuatros anteriores, cualquiera de estos podía tomarse por sobresaliente, particularmente Making movies.
De manera parecida, E., que recientemente había comprado en vinilo Love over gold, argumentaba que hasta este mismo cuarto álbum, Dire Straits no había lanzado disco malo, pero que con Brother in arms, la música del grupo se vuelve más complaciente y aburrida.
Esa aversión por los dos últimos discos de estudio del grupo yo no la tengo, pero sí es verdad, como les dije, que si he de quedarme con un disco de Dire Straits, grupo del que frecuentemente lamento que tenga una discografía tan corta, ese sería su disco de debut, titulado de igual manera que el entonces cuarteto.
En uno de los volúmenes de su Salón de pasos perdidos trataba Trapiello de explicar la disyuntiva ante la que el diarista se encuentra siempre indeciso: o bien se vive o bien se escribe. Ni se puede escribir todo lo que se vive, porque se necesitaría otra vida, al menos, para escribir con detenimiento todo lo que se ha vivido; ni tampoco se puede vivir demasiado y sin pausa, porque entonces no se daría con un minuto de reflexión para llevar al papel todo aquello que se ha vivido. O, dicho de una manera más sentenciosa y restrictiva: quien mucho vive poco escribe; o, de igual manera, a la inversa, quien mucho escribe poco vive.
Sin embargo, claro, estas consideraciones que parecen dejar espacio solo para el blanco y el negro, lo normal es que, dependiendo de las épocas, se maticen y uno encuentre momentos tanto para lo uno como para lo otro.
Cuando se es estudiante, es verdad que la carga académica se lleva por delante gran parte del año, pero hay otra que, bien manejada y si las calificaciones acompañan, permite tanto vivir como escribir acerca de lo vivido; aquellos días en que compré este primer compacto de Dire Straits son ejemplo de ello.
| Dire Straits, 2 de noviembre de 1997. |