sábado, 25 de abril de 2020

La "H" sonora.

Qué maravilla aquellos días en que uno sale de casa sin ninguna preocupación ni obligación consigo, solo la de caminar y dejarse llevar por las apetencias que vayan surgiendo. Y si para culminar el paseo se tiene la oportunidad de tomar una cerveza con algún amigo y sacudirse un poco el silencio, entonces la distracción es completa.
A pesar de lo que diga Bill Evans, este año, si ha de creerse en la primavera habrá de ser a través del cristal, como observa el mundo la tortuga dentro del terrario. O llegado el caso, si por momentos el panorama se nos vuelve especialmente mustio y opresivo, girando la vista y buscando la distracción, por ejemplo, de primaveras pasadas.
Retomando el hilo de la entrada anterior, aquellas circunstancias que para después del final universitario se mostraban desalentadoras e inciertas, un año después de su conclusión, sin obligaciones académicas y con un trabajo eventual medianamente grato y llevadero, tenían estos días finales de primavera un tono inesperadamente plácido. Ya solo poder salir a caminar una tarde de comienzos de junio sin adivinar en nuestros pies la pesada traba de los exámenes era un verdadero desahogo.
La tarde de aquel diez de junio salí de casa pronto. Con toda la tarde por delante lo primero que hice fue buscar el último compacto de América por un par de tiendas del centro. Sin más opción, decidido como estaba a comprarlo dada la proximidad de su concierto, me hice con él en Fnac (que en cuestión de novedades es, como ya se ha referido otras veces, el coto mejor abastecido). Pero en vez de quedarme merodeando por sus alrededores, me decidí a tomar un autobús que me llevase hasta la Sala de exposiciones del Circulo de Lectores, que entonces, creo recordar, se abría en el arranque de la calle O’Donnell. Había visto anunciado que en sus salas se celebraba una exposición por el cuarenta aniversario del lanzamiento de las primeras viñetas de Mortadelo y Filemón. Una muestra simpática y discreta. 
De sus salas hasta la Feria del Libro abierta en El Retiro solo me separaban unos minutos. Sin mucho detenimiento anduve revistando las casetas de la feria como se hace con las tropas del ejercito el día de la fiesta nacional, con formalidad pero sin especial atención. Al poco del recorrido la sucesión de expositores se me volvió monótona. Aceleré el paso y abandoné el Retiro por el paseo de Fernán Núñez, desembocando en la Glorieta de Carlos V para callejear después por el Barrio de las Letras hasta las proximidades de la Plaza Mayor, donde había quedado a las nueve con G.
Aquella noche, antes de caer dormido, en la cabeza me rondaba insistente el soniquete que había llevado preso durante la jornada: From a moving train, la canción que abría aquel disco de America.

Human nature, 10 de junio de 1999.