lunes, 26 de agosto de 2024

Viajeros y muy estables (y II).

En aquel curso coincidí con F., un chico un año menor que yo, estudiante también de Historia del Arte en la Facultad de Geografía e Historia; aunque no nos reconocíamos de habernos cruzado antes por los pasillos de la universidad. F. sentía una gran pasión por el cine, especialmente por la música compuesta específicamente para este medio. A su juicio, en este sentido, John Williams era un creador insuperable. Su conversación era brillante; a pesar de su erudición, se manifestaba con modestia y en un tono afable muy instructivo. De la pródiga producción del compositor estadounidense destacaba siempre la banda sonora de E.T., El Extraterrestre; aunque le gustaba precisar que algunas otras consideradas menores también le parecían sobresalientes, como por ejemplo la banda sonora de El turista accidental

Transcurrieron bastantes meses, más de un año y medio, hasta que di con el disco, y no pudo ser en cedé sino en vinilo, en una feria que se celebraba a comienzos de junio en el Paseo de Recoletos. No se podía contradecir a F., dentro de su tono intimista, aquella música era fabulosa.

En formato cedé me llegó gracias a D., siempre tan atenta, que lo había encontrado en una de esas páginas de venta de segunda mano. Me lo regaló el día de mi cumpleaños de aquel dos mil diecinueve (un día que ya ha tenido más de una entrada, por lo que ya no es necesario prodigarse más).