miércoles, 13 de octubre de 2021

Teatrillo juvenil.

Los perfiles que recorren los estantes musicales de los grandes almacenes (Fnac, por ejemplo) y los que revistan las cubetas de las tiendas de menor aforo, resulta evidente -salvo aquellos que tienen el hábito de alternar ambos caladeros-, son bien distintos entre sí. 
Sin profundizar en tópicos ha germinado en los primeros una tipología de visitante -al que no me atrevería a calificar de melómano ni tampoco de consumidor- , tan recurrente en sus pasillos como las riadas de turistas en las calles céntricas. Son jóvenes que no superan los veinte años, vestidos de manera colorista y desenfada, tanto como los catálogos de las cadenas textiles les permiten. Llegan al departamento musical con expresión entusiasta, como si entre sus expositores hubiesen dado con uno de los componentes de la pandilla perdido entre el marasmo capitalino muchas horas antes. 
De manera parecida a esas señoronas que se inscriben en cursillos de historiografía artística, devoradoras indiscriminadas de exposiciones, estos grupos de jóvenes van de un estante a otro emitiendo sus opiniones en voz alta con tanto criterio como reparo: 
     - ¡Anda, mira! 
     - ¿Esa quién es? 
     - Tía, ¿no sabes quién es Miley Cyrus? 
     - Ah, sí… 
     - Es lo más. 
     - ¡Este me lo llevo seguro! 
Sucede siempre que un miembro del grupo en un gesto heroico toma el compacto en cuestión y asegura, como si fuese el órgano necesario para su supervivencia, que lo que tiene entre sus manos nadie se lo arrebatará. La intención le dura cinco minutos, lo que tarda el grupo en dar la vuelta al recinto a imagen de la cuadrilla taurina después de una mala faena. Entonces, disimuladamente, deja el compacto en el lugar que mejor le parece mencionando alguna plataforma digital o excusándose con las frases de repertorio que quien a su alrededor les observa ha escuchado decenas de veces. Si el negocio de la venta de música dependiera de este perfil no hay duda de que en dos días no quedaría ni una sola tienda abierta. 
(Escenas de este corte en lugares como Fnac se viven con asiduidad. Hoy, no sé por qué, al recordar estos teatrillos juveniles se me ha venido a la memoria la tarde en que compré con D. el último compacto de Toundra. Obligados también nosotros por las modas, la opción de tenerlo en dicho formato pasaba porque nos hiciésemos con su versión en vinilo, que a semejanza de un fulgurante planeta, amparaba la compañía del cedé como la de un satélite sujeto a su órbita).

Das cabinet des Dr. Caligari, 23 de septiembre de 2020.