sábado, 3 de octubre de 2015

Camino Soria (II).

Hay quienes, tras media vida de esfuerzo y reflexión, conceden al azar el privilegio indiscutible de la precisión matemática. Cada hecho, en apariencia aleatorio y deslavazado, según estos, entre ellos el húngaro Arthur Koestler, responde a un orden en absoluto casual e inconexo donde las coincidencias no son tales, sino axiomas perfectamente definidos y mesurables de cuya naturaleza aún se desconoce la mayor parte. Complicado empeño, si bien, vectores para el análisis existen.
El primer formato en que tuve Camino Soria fue en casete, que compré, también con su anécdota, que en esta ocasión no viene al caso, en marzo de mil novecientos ochenta y ocho. Entonces, a esa edad, tener un casete, una fortuna esporádica y costosa, era tan infrecuente como haber estrenado zapatillas, que, una vez calzadas, hasta ducharte con ellas se entendía como un acto perfectamente normal.
Trillé aquella cinta con devoción durante años y, de igual manera que sucede con los primeros amores y otros recuerdos infantiles, sus canciones se fijaron a la identidad de uno como la carcoma a la madera.
La preeminencia del compacto como formato musical doméstico, algunos años después, trajo consigo que muchos casetes, comprados o grabados, fuesen poco a poco siendo reemplazados por sus versiones en formato CD. Entre ellos, claro, Camino Soria.
No hace mucho leí el libro que Jesús Rodríguez Lenin dedica a Gabinete Caligari. En él se relata y analiza en detalle el ascenso y posterior decadencia del trío, su progresiva pérdida de popularidad, un último disco, Subid la música, para nada mediocre, y el momento en que Jaime Urrutia decide poner punto final al grupo, en una reunión rutinaria de la sociedad que junto a Edi Clavo y Ferni Presas formaba, el trece de octubre de mil novecientos noventa y nueve.
Animado por un motivo impreciso, me fui entonces al listado donde tengo cronológicamente apuntados todos los compactos de la colección, por ver en qué compras musicales andaba uno por aquellas fechas. Y sí, con gran sorpresa y cierto deleite al comprobar que, por más que a nosotros se nos escape, hay detalles que se hilvanan solos sin necesidad de atención y esfuerzo, aquel trece de octubre de mil novecientos noventa y nueve, mientras Jaime Urrutia decidía dar portazo definitivo a Gabinete, yo me encontraba comprando en formato CD su Camino Soria
Si esta coincidencia responde a un orden matemático-azaroso de mayor proyección y sentido, no seré yo quién lo investigue, pero si alguien se anima, los anteriores son los datos.

Camino Soria, 13 de octubre de 1999.

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