jueves, 30 de junio de 2022

Sugerencias musicales.

Hay músicos que tienen el don de sonar peor cuando hablan que cuando tocan o cantan. Decía uno de ellos -por suerte para nuestros oídos, uno que ejerce la profesión a tiempo parcial- que lo que más detestaba de las plataformas musicales en streaming es lo muy pautadas que tienen las sugerencias. Si se escucha determinada canción o álbum, explicaba el avezado músico, la plataforma nos conducirá indefectiblemente a aquel “producto que quiere que consumamos”, no a aquel que verdaderamente más nos interesaría, limitando nuestra capacidad de exploración. ¿Telepatía tecnológica? Menuda bobería. 
Puesto que despreciaba las sugerencias de las plataformas digitales le preguntaban a continuación por las fuentes en las que él encontraba nuevas referencias. La respuesta no podía ser más predecible: amigos, bares, revistas… Nada nuevo bajo el sol. Dando por buena su objeción a las plataformas musicales, digo yo, ¿no es igual de cierto que nuestros círculos de amistad tienen también sus limitaciones de conocimiento y de igual manera se encuentran masticadas y orientadas las sugerencias que se glosan en emisoras y revistas? 
Con un par de reflexiones más sobre el negocio musical, el entrevistado concluía triunfante, como si hubiese venido a quitarnos un velo a todos los que aprovechamos las plataformas digitales en lo que tienen de bueno. (Otro dato del sujeto es que se mostraba ferviente defensor del formato vinilo, si bien confesaba que lo había comenzado a cultivar recientemente… Predecible.) 
Las revistas de contenido musical, de eso no hay duda, han sido siempre una manera sencilla de acceder a nuevas propuestas musicales. Durante muchos años coleccioné un par de ellas, todas orientadas al rock clásico; pero de tanto lugar común y falta de erudición, terminé igual de estragado que de la retórica artística. (Durante un año, incluso, unos amigos me suscribieron a una especialmente interesada en el afectado Tonti-Rock anglosajón. Prueba inequívoca de que en algunos casos es preferible dejarse guiar por las sugerencias de las plataformas en streaming antes que por las recomendaciones de nuestras amistades.) Ahora, si compró alguna revista musical, es Prog Magazine -exigente como la música de la que se ocupa-; aunque solo de vez en cuando, dado que al estar publicada en inglés, la traducción de cada uno de sus reportajes y entrevistas me lleva más tiempo que el desciframiento de una estela egipcia. Con un ejemplar tengo para varios meses. 
En definitiva, sirva toda esta digresión para introducir el compacto que este mes quería destacar: Invincible summer, de K. D. Lang. En el otoño de dos mil leí una reseña en el suplemento cultural de un periódico de tirada nacional -cuando estos medios se ocupaban de lanzamientos discográficos-. En tan solo unas líneas se le destacaba de manera sobresaliente, como si no se hubiese editado nada igual en décadas. Piqué. Me sirvió para comprobar, eso sí, por si acaso tenía la fantasía contraria, que la validez de las sugerencias musicales no conoce de fuentes infalibles.


Invincible summer, 7 de noviembre de 2000.

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