La primera referencia que tuve de la calle Tallers me llegó gracias al genial Sergio Makaroff, no recuerdo si referida en la letra de una de sus canciones o bien destacada entre los lugares favoritos de su ciudad de adopción, en alguna de las pocas entrevistas que de él se publican.
No fue hasta la primavera de dos mil siete cuando, aprovechando el viaje que hicimos a Barcelona D., M. y yo, con motivo del concierto que Roger Waters daba entonces en el Palau Sant Jordi, recorrí sus tiendas por primera vez. En otras ocasiones había visitado la ciudad, pero nunca antes dicha calle que, convertida por entonces la revista a las tiendas de discos en cita tan importante como la visita a museos y demás sitios de interés, en ese punto vino a destacarse como uno de los principales atractivos de la ciudad.
Un año después, los viajes a Barcelona, por razones laborales, comenzaron a convertirse en frecuentes, dándose desde entonces, y especialmente durante los cinco años siguientes, tres o cuatro visitas anuales. Las rutinas para ese tipo de días fueron siempre las mismas, densas y tediosas; aún así, bien a la llegada, que se buscaba adelantar todo lo posible para atender sin prisas a la afición, bien antes de tomar el AVE de vuelta para Madrid, siempre había oportunidad de recorrer las tiendas de discos de la calle Tallers.
El mejor compañero para estos paseos fue siempre A., con su habitual buena disposición y parsimonia. Rebuscábamos en Castelló, en Revolver…; siempre con éxito, y nos tomábamos luego unas cervezas charlando con gusto de lo que imaginábamos daría o había dado de sí la reunión de trabajo en cuestión.
En ocasiones, a esos paseos por la calle Tallers, se nos unían algunos otros compañeros. Aquel uno de febrero de dos mil doce nos acompañaban A. y Ch., sin especial apetito musical. La tarde era lluviosa y apagada. Entre otros, en Discos Revolver encontré un disco de los Jayhawks que llevaba un par de semanas buscando, Smile; uno de esos grupos de los que en un par de meses, en uno de esos calambres de coleccionismo repentino que de vez en cuando acometen como incontrolables espasmos nerviosos, uno se encuentra completando su discografía con el mismo ahínco con que se correría perseguido por una manada de bisontes.
![]() |
| Smile, 1 de febrero de 2012. |

No hay comentarios:
Publicar un comentario