martes, 13 de septiembre de 2016

La literatura musical como génesis.

La literatura musical (biografías, autobiografías, ensayos, críticas, crónicas, etc.) ofrece principalmente al comprador de compactos la posibilidad de reforzar el gusto o recuperar la música de grupos y artistas de los que ya se tiene suficiente discografía, o bien, la oportunidad, si el texto es lo suficientemente sugerente, de iniciarse o profundizar en la discografía de aquéllos a los que se ha prestado primero una mayor atención literaria que musical. Es el caso de Genesis, de quienes a finales de dos mil diez apenas tenía un par de discos de estudio, un directo y un recopilatorio de su época más conocida. Era un grupo, por lo tanto, por el que sentía cierto gusto, sin más. Entonces, a finales de dos mil diez, animado por D., me compré y empecé a leer El Libro de las Revelaciones, un volumen amplio y detallado en el que, cronológicamente, a modo de entrevista grupal, todos los miembros de la formación, desde sus inicios hasta sus últimas reuniones, participan dando sus impresiones y valoraciones desde una perspectiva principalmente musical, siempre con una sencillez y solvencia impropia de este tipo de literatura, normalmente de mucha complacencia.
La lectura se me hizo muy amena y, como era de prever, me despertó un interés por todos aquellos discos del grupo que no conocía y, a la par que se iban sucediendo las páginas, me impuso su compra casi como un deber. 
El domingo veintitrés de enero de dos mil once durante la sobremesa estuve leyendo aquello que los componentes de Genesis relataban de los discos inmediatamente posteriores a la salida de Peter Gabriel, a mediados de los años setenta, cuando el grupo se redujo a cuarteto.
Por la tarde, aprovechando que había quedado para ver el fútbol con F. y M., cuando el partido televisado hubo terminado me acerqué al centro solamente por hacerme con A trick of the tail, uno de los discos de dicha época. No lo encontré en FNAC y hube de comprarlo en la sección de discos que El Corte Inglés tenía entonces en el arranque de la calle Preciados, donde, aparte de algunas ofertas tibias, los precios eran habitualmente más caros que en cualquier otro sitio y los dependientes de una apatía y desafección cercana a la ofensa. En todo caso, a pesar de que no fuese éste uno de los lugares donde con más gusto se compraban compactos, al quedar la necesidad satisfecha, aquel día lo di por bueno.

A trick of the tail, 23 de enero de 2011.

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