jueves, 11 de agosto de 2016

Como un camello en un canalón (y II).

Habrá más de uno que diga que, a pesar de lo referido en la entrada anterior, no en todas las ciudades españolas la situación es la misma, que en muchas de ellas, más allá de los grandes almacenes, donde en mayor o menor medida, los espacios musicales, como pueden, subsisten, la presencia de tiendas de discos, si bien menguada, aún es aceptable. Cierto, son más de uno los ejemplos que dan al traste con el panorama general.
En noviembre de dos mil trece, por ejemplo, D. y yo viajamos a Córdoba para celebrar nuestro décimo aniversario. Como suelo, unos días antes anduve buscando en Internet la dirección de alguna tienda de discos; el resultado fue el habitual, según la información que ofrecía Internet, en Córdoba era más fácil hacerse un trineo tirado por renos que con un LP de música cualquiera. Pero, como por suerte Internet en ocasiones es tan concluyente como la intención de un adolescente, una vez allí, cuando dimos con el hotel, casi tanto como la imagen imponente de un templo romano que se levantaba a tan sólo unos metros de él, inesperadamente nos sorprendió, en su misma manzana, la existencia de una tienda de discos de segunda mano. Era tarde y el negocio estaba ya cerrado, pero a la mañana siguiente, aprovechando que D. remoloneaba sin prisa, bajé pronto y anduve curioseando en sus estantes.
El local lo regentaba un hombre de mediana edad, de aspecto desaliñado que, a juzgar por la familiaridad conque era tratado por algunos vecinos que de tanto en tanto se asomaban a la puerta sólo movidos por la curiosidad de saber si el propietario había visto pasar a tal o a cuál, debía llevar media vida al frente del mismo.
La mayor parte de los estantes lo ocupaban discos de vinilo; para compactos sólo conservaba dos vitrinas, ordenadas, al igual que aquéllos, sin interés ni detenimiento. Dentro, en un pequeño almacén, me informó, tenía muchos compactos más, amontonados de igual manera, un poco a la desbandada; eran, apuntó, los que solía llevar de feria en feria por la provincia y otras ciudades del sur de España. No quise molestarle, con lo que había en las dos vitrinas me resultaba suficiente, le dije. Haber tenido que buscar entre los fondos que guardaba en el almacén, supuse, podría llevarse el fin de semana al completo. 
De los cien o ciento cincuenta compactos que contenían las dos vitrinas me decidí, sin muchos rodeos, por uno de Franco Battiato, Como un camello en un canalón, aceptablemente bien conservado y a un precio que, llegado el caso, volvía la valía de su contenido, en un detalle irrelevante. 

Como un camello en un canalón, 9 de noviembre de 2013.

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