Relacionado con el compacto de la última entrada está este. Hace unos días se reeditó Delicate sound of thunder, el disco que Pink Floyd publicó como testimonio de la gira que siguió al lanzamiento de A momentary lapse of reason, de 1987. Podría detenerme en este, lo cual nos conduciría al otoño de dos mil, pero esta vez, mejor que volver la mirada veinte años atrás (¡Qué abismales suenan siempre estos rangos de fecha!), ir un poco allá y prestarle atención a Pulse, el albúm en directo que se editó tras la aparición de The división bell, el que fue su siguiente disco de estudio.
Creo que ya en alguna ocasión he referido lo complejo que resulta predecir el vínculo que inexorablemente prendera un compacto a una época determinada. Esta asociación, por más que se quiera forzar, suele escapar casi siempre de nuestro pronóstico y se nos aparece, tarde o temprano, en un punto cronológico firme e inesperado. Es cierto que muchos compactos quedan presos en los días en que fueron comprados, pero muchos otros, de manera inexplicable se traspapelan en el tiempo sin que sepamos a ciencia cierta dónde irán a parar.
Pulse es un álbum doble que compré en aquella tienda que se abría en el centro comercial de Entrevías donde trabaje durante unos meses, justo con el cambio de siglo. Seguro que ya he aludido anteriormente a ella, porque fueron bastantes los compactos que allí encontré. Es cierto que el disco lo escuché con insistencia en aquella época, pero verdaderamente, si lo hago hoy, su música no me conduce a aquellas primeras semanas de dos mil sino a las primeras invernales de mil novecientos noventa y cinco, cuando J. G. L. me lo prestó y yo, como era entonces hábito, lo grabé en casete.
Aquel primer cuatrimestre de tercero de licenciatura tuvimos una asignatura que a la postre resultó ser de las más relevantes de toda la carrera: Literatura del siglo XIX. La misma, aparte del contenido teórico, se articulaba a través de la lectura más de una docena de títulos, del Duque de Rivas a Pardo Bazán, pasando por Baudelaire, Dostoyevski, Flaubert…
Los días libres del puente de la Constitución, solo en casa y sin apetencia para vagar por los marchitos antros de Leganés, los dediqué a la lectura de un par de ellos: Cumbres borrascosas y Casa de muñecas. El directo de Pink Floyd, claro, sonaba de fondo. (La escena la interrumpiría la llamada de teléfono de E., la madre de N., para anunciarnos la muerte del abuelo de V.)
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| Pulse, 28 de febrero de 2000. |

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