viernes, 26 de abril de 2019

El dependiente que sabe asesorar de Música no lleva chaleco.

En un artículo aparecido en El País hace algunos años, cuyo título era algo así como “Conectados a Alta Fidelidad”, con el tono ameno y liviano que caracteriza estos apuntes periodísticos, se referían algunas de las pequeñas tiendas de discos que entonces aún permanecían abiertas en el centro de Madrid, sus particularidades y las de sus clientes: Escridiscos, Toni Martin, Rock and Roll Circus y Radio City.
Lo suyo hubiese sido que de igual manera que sucede con los bares, restaurantes, rincones turísticos y demás que en estos medios se destacan, convirtiéndose al instante en puntos de interés masificados, al fin de semana siguiente, que es cuando en las grandes ciudades la turba ociosa, como un ejército en campaña, está obligada a ponerse en marcha; esas cuatro tiendas de discos, aunque solo fuese por curiosidad, se hubiesen visto llenas de gente hasta los topes. Pero no, con las tiendas de discos, con el consumo de música en general, a diferencia del melómano convencido, el simple aficionado, que ya es norma y legión, por más que algún medio general escrito se lo sugiera, la compra de música y los locales que la promueven, los tienen por cosa de una inutilidad y arcaicismo absoluto.
Toni Martin cerró en dos mil dieciséis, aunque el local sigue dedicado a la venta de música de una manera, a mi parecer, más ligera y aséptica. El neón que antes lo señalaba fue con el cambio de propietarios sustituido por la ilustración colorida y festiva de Janis Joplin, que da nombre al negocio actual.
La pérdida de rentabilidad de Toni Martin debió ser inevitable y progresiva. Es cierto que el local no se situaba en una de las zonas de mayor tránsito del centro, ni tampoco que los precios de sus compactos fuesen especialmente asequibles, pero el catálogo y la atención que el dueño ofrecía, compensaban sobradamente.
Mediado agosto de dos mil diez, una tarde en que andaba rondando por el barrio de Argüelles a la espera de que comenzase la sesión en los cines cercanos, entré en Toni Martin. La contención económica había llegado a tal punto para el dueño del local que, dependiendo de por donde el cliente transitase, así iba él encendiendo y apagando luces. Al menos, tal ahorro energético, a diferencia del sofoco que horneaba las calles, mantenía la tienda fresca y sombreada. 
Aquella tarde, más por hábito que por fe en el posible resarcimiento del negocio, además de un compacto de Lucinda Williams, siguiendo las indicaciones del dueño, tomé también una cajita con cinco discos de Miles Davis de finales de los cincuenta, entre ellos este fenomenal ´Round about midnight.

´Round about midnight, 10 de agosto de 2010.

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