Estos días pasados escuchamos este disco de David Byrne en San Ciprián. Lo hice consciente de que es uno de los pocos que con el paso de los años ha quedado preso en el recuerdo de aquellos primeros veranos gallegos.
A comienzos de agosto de dos mil ocho, siendo O. todavía un bebé apenas capaz de incorporarse de la cama, visitamos por segunda vez San Ciprián. Esta vez, a diferencia de la primera, que solo nos tuvo un par de días, por más de una semana, y a la par que aquella de dos mil seis, también en fiestas.
Parte de aquella semana la compartimos con F. y P., que luego han sido una compañía habitual en estas felices estancias. Paseábamos, comíamos, bebíamos y aguantábamos hasta bien entrada la madrugada bailando en la plaza del pueblo, junto a la ría, con O. en nuestros brazos o si es que ya había caído rendida, dormida en el carrito y cubierta por una manta porque no se desvelase.
Unas semanas después estaba yo de vuelta en Madrid trabajando, y D., más liberada laboralmente, con O. aprovechando lo que quedaba de verano de aquí para allá.
Aquel veinticinco de agosto, que puestos a levantar hitos en el calendario quizá sea una de las fechas más señaladas, era lunes. Trabajé y antes de llegar a casa, por significar algo el día, me apeé del tren en Atocha y eché un vistazo en la tienda Daily Price, uno de los locales cercanos a la conexión con la red de Metro, dedicado a la compra y venta de compactos, películas y videojuegos.
El negocio, al completo, cerró recientemente, si bien la sección musical, en los últimos años, fue reduciéndose cada vez más, acogotada en el extremo derecho del local, y lo que antes suponía más de una hora de rastreo, en los últimos tiempos no llegaba a media.
En dos mil ocho digamos que la cantidad de compactos aún era bastante y revisar todos sus estantes una tarea medianamente paciente. Por eso, por un lado acuciado por el hecho de buscar algún compacto que resaltase la fecha y por otro por el deseo de llegar pronto a casa y descansar, decidí solo revisar las estanterías de música extranjera. Entre otros encontré este de David Byrne, que escuchado entonces, unas semanas después de haber estado en San Ciprián, y escuchado muchas veces después, siempre trae consigo el recuerdo de ese pueblo ameno y discreto de la costa lucense.
![]() |
| Grown backwards, 25 de agosto de 2008. |

No hay comentarios:
Publicar un comentario