Seguramente, D. (con permiso de D.) sea la persona que más compactos me haya regalado. Unas veces justificados por una fecha o una apuesta perdida y otras, sencillamente, por el deseo de querer compartir el gusto conmigo. Podría detenerme en cualquiera de ellos -que deben alcanzar las dos o tres docenas-, cada uno con su puntual significado, pero esta vez, al hilo de los últimos triunfos deportivos, voy a hacerlo en el directo de Rainbow que se reeditó en la primavera de dos mil dieciséis: Monsters of Rock. Live at Donington 1980.
Resulta incomprensible cómo el devenir futbolístico nos clarea o desbarata el ánimo, cómo el marcador de un tonto partido de fútbol es capaz de henchirnos el pecho hasta el delirio o de hundirnos en el desanimo de la manera más sonrojante.
Tal día como hoy de hace cinco años el Atlético de Madrid se jugaba el título continental con el otro equipo de la capital. Los protagonistas eran los mismos que habían protagonizado la final de dos mil catorce. Entonces el desenlace había sido calamitoso para el equipo colchonero, que después de haber ido ganando durante todo el partido, en el último momento se descompuso como un castillo de arena. Aquella primera final la vi con D. en la taberna irlandesa de San Vicente Ferrer, en su parte baja. Para la de dos mil dieciséis, con la misma compañía, preferimos cambiar el escenario y seguirlo en una taberna de la calle del Doctor Fourquet. Nos encontramos allí un buen rato antes del comienzo. D. llegó con el compacto de Rainbow, que como en él es habitual me descerrajó sin ningún protocolo solamente acompañado, como también suele, con el apunte de la importancia del disco y el vaticinio de lo mucho que me gustaría.
De la resolución del partido no puede decirse nada entusiasta. Pensar que en el mundo del deporte pueda darse una cierta lógica de justicia resulta tan cándido como creer en la existencia de un ser omnipresente y todopoderoso. Aquella segunda oportunidad resultó tan frustrante como la primera.
El disco lo escuché un par de veces durante la tarde del día siguiente, mientras montaba unos muebles que habíamos comprado para el salón. Fue lo único animoso de la jornada, pero insuficiente para compensar la decepción deportiva y el desgaste que supone el montaje del mobiliario de algunas empresas de diseño.
| Monsters of Rock. Live at Donington 1980, 28 de mayo de 2016. |
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