A comienzos de marzo se cumplirán cinco años desde que empecé a escribir este blog. Un ejercicio que después de la docena de entradas que trato de sacar adelante cada año será aquel que más pronto que tarde me llevará a señalar en un calendario aquellos días que, relacionados con la llegada de los compactos a la colección, ya me he ocupado, obligándome a su vez a ir emparejando, entrada tras entrada, los días restantes con su correspondiente compacto, como en uno de esos juegos de mesa donde al final de la partida todas las casillas del tablero terminan ocupadas.
De todos los días del año el veintinueve de febrero es por motivos obvios uno de los que para hacerse con un compacto más limitaciones presenta. Repasando el listado, en dicha fecha, como recordaba, tan solo tengo uno anotado: el Raising Sand de Robert Plant y Alison Krauss, que encontré en Yunke al poco de ser lanzado aquel día impar de dos mil ocho.
Desconcierta que únicamente el paso de un par de años bisiestos hayan generado una distancia tan insalvable con aquel tiempo que recordado en detalle se nos figure tan remoto y, sobre todo, tan ajeno.
O. tenía entonces tan solo un par de meses y su atención se llevaba por delante la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra distensión. Uno de aquellos fines de semana, D., que aún disfrutaba del permiso de maternidad, viajó a Huesca, y yo, desempleado y todavía indeciso de retomar una carrera laboral que no parecía ofrecerme sendas mejores de las que unos meses atrás voluntariamente había decidido apartarme, me quedé en Madrid cuidando de ella.
Una de las principales rutinas de aquella época nos tenía diariamente de paseo durante la sobremesa. Después de comer, la acomodaba en el carro y echábamos a andar. Generalmente rondábamos por las proximidades del Pasillo Verde, al amparo de un sol débil, que recordado hoy, se tiene el convencimiento de que nunca faltó a la cita. Al poco, O. se quedaba dormida y yo trataba de distraerme pensando en esto y en aquello. Cuando se despertaba y gruñía, incomprensiblemente hambrienta, emprendíamos el camino de vuelta.
Al termino de aquel fin de semana, cuando D. volvió, lo sopesaba y me parecía incomprensible que entre unas cosas y otras no hubiese encontrado un momento de descanso ni tan siquiera para leer o escuchar compactos como este Raising Sand.
| Raising sand, 29 de febrero de 2008. |
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