sábado, 16 de noviembre de 2019

El reloj comercial.

La publicidad y los eslóganes comerciales resultan casi siempre de una artificiosidad estúpida. Cuando lo natural sería tratar de aprovechar pausadamente cada una de las estaciones del año, sin más necesidad que conocer y sacar partido de sus particularidades, el deseo que las marcas de consumo tienen por reglar comercialmente su transcurso, acelerándolo nuestra percepción como la de un niño en un tiovivo, a veces sorprende y otras, las más, cuando uno se ve desbordado por la inminente sucesión de citas a las que parece estar obligado a prestar atención, desagrada.
¿Cómo se explica que a comienzos de noviembre se encuentren ya algunos centros comerciales decorados de la misma manera que lo estarán el mismo día de Navidad? Halloween, Black Friday, Navidad… La sucesión de eventos comerciales, propios o importados, ha adulterado y salpicado el calendario con tantas citas como meses, la mayor parte forzadas y huecas, con el único propósito de mantener en constante ebullición nuestras necesidades de consumo.
Esta maniobra recuerda a la de esas ciudades norteamericanas carentes del más nimio atractivo cultural que afanadas en ganarse algo de significación turística se sacan de la manga absurdos museos e irrelevantes memoriales con la misma devoción que mostrarían si en su perímetro se levantase el Coliseo.
En todo caso, lo cierto es que viviendo en una gran ciudad resulta verdaderamente complicado abstraerse de tanto anzuelo y hay ocasiones en las que uno, sin saber muy bien cómo, se ve preso de esa vorágine consumista.
Aquellos primeros días de dos mil dieciséis D., tal y como tenía proyectado, los pasó con su amiga T. en Andorra y O., al trabajarlos yo, en casa de mis padres. El día cuatro de enero, que era lunes, después de una nueva batida por el centro, di por concluida la compra de regalos navideños, que aquel año por clara inconsciencia había sido especialmente copiosa. En Yunke, donde solo acostumbro a pasar de largo si el local está cerrado, entre idas y venidas, me detuve un segundo y encontré el que era último lanzamiento de Jeff Lynne, Alone in the universe.
Esa misma noche lo escuché en casa varias veces mientras trataba desesperadamente de empaquetar la docena de regalos con la que había cargado, empachado de tanta festividad y atolondrado por el machacón sonido de la batería del líder de la ELO.

Alone in the universe, 4 de enero de 2016.

No hay comentarios:

Publicar un comentario