Hay diccionarios que definen el término “soniquete” como sonido continuado, de índole mecánico y marcadamente molesto. Otros, como el de la RAE, le otorgan una acepción más amable, definiéndolo como son, con toda la musicalidad que esta expresión sugiere, que se percibe poco, como un eco envolvente.
Esta última acepción es la que, imagino, ha de emplearse si se piensa en la canción que al final del día, cuando uno se encuentra a punto de caer vencido por el sueño, inconscientemente, se repite en nuestra memoria como una letanía susurrante.
Durante el día se pueden haber escuchado cientos de canciones, pero resulta curioso e inexplicable como, cuando uno tiene la cabeza apoyada sobre la almohada, la que hace las veces de canción de cuna, antes de entrar en los abismos del sueño, es solo una.
Hace años, cuando los días permitían un mayor detallismo, solía reparar y apuntar siempre la canción que se imponía como “soniquete del día”. Era un ejercicio, en muchos casos, ciertamente sorpresivo.
De un tiempo a esta parte, tal atención, bien por el insostenible cansancio que anticipa la llegada del sueño, sin tiempo siquiera para girarnos en la cama, bien por la insistencia de los hechos diarios, empeñados en arrastrarnos al pragmatismo más secular; tal atención, decía, ha ido con los años perdiendo relevancia.
Ayer, en todo caso, dado que estos días me encuentro más descansado que de costumbre, el “soniquete del día” surgió de nuevo, inesperado, perceptible e insistente, amenizando los últimos instantes de vigilia. Y este no era otro que Long road to ruin, la canción de los Foo Fighters que aparecía en su disco Echoes, Silence, Patience & Grace y que ayer durante la tarde había escuchado.
Este compacto lo compré a finales del verano de dos mil doce, el once de septiembre. El curso escolar había comenzado un día antes y aquel año, de igual manera que el anterior, nos turnábamos con unos vecinos de la urbanización, cuyo hijo era compañero de clase de O., en las idas y venidas al colegio.
Aquella mañana de libranza había aprovechado para comprar unos discos en Fnac, entre ellos este de los Foo Fighters, poco antes de que al mediodía tuviese que recoger a O. y a J. del colegio.
La vuelta a clase y el intenso calor les traían revolucionados. J. no hacía otra cosa que ir detrás de O. para darle un beso diciendo que quería casarse con ella. Al preguntarle el motivo respondía que porque era la más guapa de clase… Al menos, entre carrera y carrera, la vuelta a casa se nos hizo más rápida y menos tediosa de lo que se presumía.
La vuelta a clase y el intenso calor les traían revolucionados. J. no hacía otra cosa que ir detrás de O. para darle un beso diciendo que quería casarse con ella. Al preguntarle el motivo respondía que porque era la más guapa de clase… Al menos, entre carrera y carrera, la vuelta a casa se nos hizo más rápida y menos tediosa de lo que se presumía.
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| Echoes, Silence, Patience & Grace, 11 de septiembre de 2012. |

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