sábado, 17 de marzo de 2018

La forma primera.

La Navidad de mil novecientos noventa y tres la pasamos, como tantas otras anteriores, en el pueblo de nuestros padres y abuelos, un pequeño municipio de La Jara toledana situado al amparo de un abrupto cerro. Fue, recordada hoy, la última Navidad tal y como siendo niños era aquella época del año en la que parte de la familia se juntaba unos días para celebrar las fiestas y echar una mano a los abuelos con la cosecha de la aceituna. 
Aquel año viajé al pueblo unos días después que mis padres, la misma mañana de Nochebuena. Fui en tren hasta Talavera de la Reina, desde donde posteriormente tomaría un autobús que me conduciría al pueblo. Mientras hacía tiempo a que saliese este último, anduve por la ciudad dando un paseo. El bullicio propio de las fechas se daba en las calles de Talavera como solo parece darse en las escenas de películas costumbristas ambientadas en los días finales del año.
Cerca de la estación de autobuses encontré una tienda de discos, que creo recordar mezclaba la venta de música con la de electrodomésticos, donde la oferta era variada y los precios, aún para un estudiante, aceptables. Allí fue donde compré en formato vinilo este McCartney II. Su escucha, claro, no pudo darse hasta algunos días después, cuando regresamos del paréntesis navideño.
Muchos de los discos que décadas atrás compré en formato casete y vinilo, es también habitual que con el paso del tiempo, particularmente aquellos por los que se ha tenido siempre un gusto especial, los haya ido comprando en formato compacto, principalmente para que su escucha me resultase más próxima y sencilla, aunque también, de alguna manera, para que simbólicamente quedasen definitivamente consolidados en la colección.
Este McCartney II lo encontré a buen precio y me decidí a comprarlo, casi dos décadas después, un sábado dos de febrero de dos mil trece, en un centro comercial próximo a casa. 
Para entonces, como es natural, mis abuelos ya hacía muchos años que habían muerto y de aquellas navidades, aparte de algunos pocos recuerdos, apenas quedaba vivo, de igual modo que hoy mismo, el eco evocador de alguna canción.

McCartney II, 2 de febrero de 2013.

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