Dice
uno de los pocos lectores que tiene este blog que tienen sus líneas un matiz principalmente nostálgico. Podría ser. Siempre que se mira al pasado, además del
interés historicista, que también este, en ocasiones, dirige el tono de sus
contenidos, la nostalgia y la extrañeza por lo vivido, se pretenda o no, suelen
presentarse como guías principales.
En
esta ocasión sólo por contradecir en parte a dicho lector, aún a riesgo de
contrariarle y de encender sus comentarios, echando la vista atrás como
habitualmente, en esta ocasión y pretendiéndolo, vamos a mirar de soslayo al
presente.
Este
año dos mil dieciséis ha comenzado con las inesperadas muertes de dos músicos,
Bowie y Glenn Frey, por cuyos discos ha sentido uno siempre un afecto especial.
Hace
un par de entradas decía que de los diez primeros compactos comprados nueve
fueron de los Rolling Stones. El décimo, que en orden cronológico fue el
segundo, el veinticuatro de marzo de mil novecientos noventa y dos, tres meses
después de aquel Their satanic majestic
request, fue un recopilatorio de Bowie, Changesbowie.
Entonces,
de David Bowie no había escuchado apenas nada, ni tan siquiera en casete
tenía un LP suyo. Un tiempo atrás, creo que en septiembre de mil novecientos
noventa había estado de gira en Madrid. De la misma, una revista musical a la que entonces era muy asiduo, editaba en uno de sus números un suplemento especial (que aún conservo), en
cuya contraportada se publicitaba el recopilatorio y se detallaban las
canciones que el mismo contenía.
Aquel
veinticuatro de marzo de mil novecientos noventa y dos fue martes, día
laborable. Bajé con J. a Parquesur no recuerdo si movido únicamente por la
compra de dicho compacto o impulsados por otro motivo; tampoco recuerdo con claridad
si la compra del mismo la hice en la sección musical del supermercado principal
del centro o en un local que hacía esquina ya en la zona de restauración y
ocio, cuando dicho centro comercial no era aún el transatlántico en que actualmente se ha convertido.
Lo que sí recuerdo con
nitidez es la cierta decepción que tuve al llegar a casa y comprobar que Changesbowie, en la edición en CD,
contenía solamente dieciocho canciones, tres menos (Starman, Life on Mars? y Sound and vision, quedaban fuera) de las
que aparecían referenciadas en la contraportada del citado suplemento, ya que
dicho recopilatorio en CD era sencillo, y en los formatos casete y disco,
doble. Una anomalía que entonces, sólo por el precio de dicho formato, me pareció incomprensible.
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